TRES ROMBOS - Para los más atrevidos -





En la sección de TRES ROMBOS podréis encontrar los relatos e historias más picantes y eróticas con altos contenidos de sexo que harán las delicias de los más exigentes y le sacará los colores a los más reservados.
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Clases de Música

Cap. 1


"Habían pasado mas de cuatro meses desde que Vilma, una mujer de 51 años, apareció en mi vida como alumna de música en las clases particulares que doy en mi domicilio para ganar un sobre sueldo y sobre llevar la achuchada vida que me impone ser músico en la banda municipal de mi ciudad.
Ella acudió a mí por un anuncio en prensa local donde publicitaba la posibilidad de recibir clases particulares de música y aprender a tocar el clarinete. El clarinete, un instrumento de viento, negro y plateado, construido en noble madera de ébano y clavijas de metal recubiertas de baño de plata. El clarinete, un instrumento donde el sonido se emite a la altura del estomago y alcanza desde registros extremadamente bajos y altos dando hasta cuatro vueltas a la escala musical básica.
Cuatro meses llevaba aquella extraordinaria mujer aprendiendo solfeo básico, pentagramas, blancas, negras corcheas, semicorcheas, acordes, tempos y demás recursos musicales. Pero llegaba el momento de llevar el clarinete.........a su boca.
Hasta aquí, todo parecía normal, una alumna aventajada, una mujer que me sacaba ocho años de edad, una mujer que vestía sensualmente, gustos refinados, elegante y llamativa a la vez. No se tenia un algo, un que sé yo, algo que me atraía. No se si su forma de hablarme, su forma de mirar o aquellas blusas transparentes donde lo que ocultaba contrastaba con su piel morena, habían surgir en mi deseos lujuriosos que en mas de una ocasión me obligaban a sentarme sin motivo aparente para disimular mi incipiente erección.
Aquel día le dije que ya era hora de poner la boca en el clarinete, a lo que ella respondió con una sonrisa picarona y que yo no supe interpretar..............
Había comprado una boquilla y una caña nuevas para ponerle a mi clarinete y así que ella lo probará sin comprar uno, ya que su precio es elevado y después de todo podía cambiar de opinión y pasarse a la pandereta que es mas sencilla que este noble pero difícil instrumento. Así pues sustituí la boquilla y le dije - venga a soplar - haciéndole entrega de mi instrumento. Ella lo agarro como se cogería a una serpiente que no sabes si te va a picar, a lo que le hice la broma de decirle - que no muerde -.
Como veía que no acertaba a colocar adecuadamente el instrumento en su boca me acerque por detrás y pasando mis brazos por debajo de los suyos le ayude a poner sus dedos sobre las clavijas y a sujetar el instrumento con firmeza y sin miedo. Aquella posición permitió el roce de mi cuerpo con el suyo, algo que no pareció molestarle ni mostró signo de rechazo alguno. Pero yo si estaba temeroso de la reacción de mi cuerpo y enseguida cesé en la postura, además faltaba la boca pieza clave y fundamental para este instrumento. 
 

Me puse frente a ella y le mostré como el labio inferior debía cubrir los dientes inferiores también mientras que los superiores apoyan y sujetan el instrumento sin llegar a "morder", es un instrumento delicado y debe vibrar en la boca y no ser sujetado tan fuerte que impida el movimiento.
Aquella situación en la que mis manos guiaban sus labios y la cercanía de mi cara a su cara y mas concretamente a su boca, excitaba mi imaginación y algo más.
Su boca no acertaba y mi mano apoyaba su labio inferior sobre los dientes cuando no sé si voluntaria o involuntariamente su labio superior cerro y acaricio mis dedos que mantuve quietos en silencio, duró unos segundos que parecieron horas, mientras tragué saliva y seguí con la explicación. Ella me respondió preguntando si aquello no dañaría su labio que era muy sensible cogiendo mi mano y acariciando con ella su boca.
- No, no en absoluto, sería una pena estropear algo tan sensual - le dije sin querer y entonces noté como mi cara se ponía incandescente por el rubor de la respuesta, pero ella sonreía amablemente y me dedicó un beso poniéndose se puntillas y respondiendo - sería una pena ¡ verdad ! -.
Aquel gesto me dejó pensativo mientras volvía a cogerla por detrás para ayudarle a empuñar bien el instrumento. Nuevamente me situé a su espalda y con mis brazos por su cadera situé sus dedos sobre el clarinete y ya en su boca le dije - a soplar - , en esto un ridículo pitidillo salio del final del tubo provocando la risa de ambos. Mientras mantenía la posición le dije - mira el aire que hacer sonar el clarinete se empuja con el estomago - giro la cabeza como extrañada - si mira, pon la boquilla en tu boca - le dije y con mi mano derecha poniéndola sobre su abdomen la apreté contra mi y entonces al exhalar un sonido mas grave salio por el tubo. Pero no fue lo único que salio, aquel gesto hizo que mi otro instrumento se apretase contra sus nalgas y ella lo tuvo que notar. Pero no dijo ni "mu".
Cada vez que intentaba hacerlo sonar un pitidillo ridículo salía y volvíamos a realizar el ejercicio de respiración y presión sobre su abdomen, mi excitación era evidente, le dije - deja el clarinete y vamos a realizar unos ejercicios de respiración -. Apoyo el instrumento en una mesita lateral y comenzamos con los fingidos ejercicios. - Veras, le dije coge aire hinchando tu pecho y no preocupes de sacar tripa, al tener las dos manos libres una presionaba su estomago y la otra el pecho, primero el estomago y luego el pecho por debajo de sus senos, rozándolos a propósito. Este ejercicio le hacia expirar fuerte como si de un orgasmo se tratase, su cuerpo junto al mío, el mío alterado por completo y dándole media vuelta y poniéndola de cara le dije - yyyy queeee teee parece - me agarro del trasero fuerte y me dijo - que me encanta el clarinete - y de puntillas otra vez me beso. Pero este beso fue otra cosa, yo también respondí cogiéndola de la cintura y espalda comiéndole a mordiscos su boca.
Mi boca paso a su cuello y oreja mientras mis manos desabrochaban su blusa. En aquella sala sólo había una mesita y dos sillas, un atril para partituras, una estantería con libros y un espejo de cuerpo entero donde comprobar la posición para tocar, además estaba insonorizada para no molestar a los vecinos y hacia que el sonido de nuestros besos y mordiscos sonaran más sensuales.
Aparté una silla y senté a Vilma en la mesa, mi cuerpo entre su piernas, el espejo reflejaba nuestros cuerpos de perfil, podía ver aquella escena erótica y sentirla al mismo tiempo, mis ojos dedicaban miradas al espejo mientras mi boca exploraba la suya, mi lengua acariciaba el interior de sus labios, unos labios que no sé si el clarinete llegarían nunca a embocar lo bien, pero besar, diosssss que boca, que besos y que lengua. Separé mi boca por un instante y con la respiración entre cortada le dije - laaaa lengua...si... la lengua también es muy importantes es la que separa las notas... - pero antes de acabar la frase me cogió por el cuello y usó la lengua, aunque no para cortar las notas no sino para ummmmmmm......
 

Su blusa ya desabrochada y sólo sujeta por los botones de los puños actuaba como de atadura por su espalda limitando la movilidad de sus brazos y dejando desprotegidos sus pechos para mi. Le traté de soltar los botones de las mangas pero me dijo - deja los me gusta así - y desistí en mi intento centrándome en soltar el sostén que ocultaba sus pechos que ya liberados me parecieron preciosos, mis manos acariciaron sus laterales rozando sus pezones, mi boca pasaba por encima suave hasta llegar a las aureolas donde los labios daban pequeños pellizquitos secos. Su espalda se curvaba apoyando las manos en la mesa y mirándose al espejo, apuntando mi cara con los pezones.
Diosssss las ganas que tenía de sacar el "clarinete", tenía empapado el boxer y la zona contigua del pantalón. Me aparte por un segundo para soltar mi camisa que tiré al suelo y volví a mirar su cuerpo moreno curvando la espalda sentada sobre la mesa, su falda recogida en la cadera y las medias haciendo brillar sus piernas, unos muslos prietos y contundentes.
Mi boca seguía entreteniéndose con aquellos senos de color tostado y oscuros pezones, que por la excitación estaban duros y turgentes. Mis labios jugaban con ellos, les daban pequeños masajes y leves tironcitos que le hacían exclamar pequeños ah ah ah mientras se miraba al espejo.
El espejo reflejaba un contraste de colores que definía nuestras figuras, mi cuerpo blanco y su tostado color envuelto de la cintura hacia abajo por unos pantys mas oscuros aun que impedían mi libre acceso a su entrepierna.

Le dije algo respecto a quitarse los pantys y me dijo no, rómpelos no me importa. Esto liberó la poca contención que me quedaba, me separé por un instante para quitarme yo el pantalón que me oprimía y el empapado boxer. Ya desnudo y viendo mí erecta figura en el espejo recogí sus piernas sobre la mesa y con mis manos agarre dos fuertes pellizcos a los pantys y con un brusco gesto los abrí entre sus piernas descubriendo lo que ya intuya antes, no había bragas debajo y la humedad también había hecho acto e presencia en su cuerpo.

Ella estaba sobre la mesa, sus manos la sujetaban y sus pies al borde de la misma ofreciéndome un espectáculo frontal y el espejo otro lateral que podría volver loco a cualquier hombre. A que esperas - me dijo - y yo no era quien para hacer esperar a una dama, así que mi boca se acerco despacio y respirando profundamente para exhalar caliente aliento a su húmedo sexo.....
Los pantys desgarrados sólo ofrecían una visión parcial de su sexo. Suaves muslos interiores donde la punta de mi lengua jugaba a describir jugosos círculos. Al cambiar de un muslo a otro mi lengua rozaba sus labios como tropezando torpemente, nada mas lejos de la realidad. A cada turno, mi lengua tropezaba mas introduciéndose momentáneamente en su interior y sacando algo de aquel elixir maravilloso, zumo de mujer............"

Cap. 2

"Desde aquella postura, entre sus piernas, y viendo el perfil en el espejo, podía ver como su cuerpo se curvaba, su cabeza se inclinaba hacia atrás y la respiración incrementaba su ritmo.
Mi boca me pedía mas pero mi cabeza se debatía entre hacerla llegar o cortar aquella escena maravillosa pasar a otro tipo de postura. Pero me apetecía verla estremecer y además ella parecía disfrutar del momento................
Mis manos terminaron de abrir y desgarrar los pantys, esa sensación de romper la excitaba sobremanera. Mi brazo izquierdo la cogía por la cintura mientras mi mano derecha pasaba por debajo de su muslo y aparecía sobre su pubis que movía y frotaba con pequeños movimientos de presión. Tiraba del pubis y afloraba de su escondite un pequeño clítoris camuflado en aquellos pliegues carnosos y sabrosos que disfrutaba lamiendo y acariciando ocasionalmente con mi nariz. Mis labios cogían suavemente la pequeña protuberancia y la masajeaban ligeramente.
Ella respondía curvando aquel cuerpo de mujer cincuentona pero relativamente bien cuidada, gemía y suspiraba al ritmo que marcaba mi boca.
Sus piernas se abrían de par en par como pidiendo mas, pero, de pronto, una mano tomó mi cabeza y la apretó contra su sexo al tiempo que sus muslos apretaban mis orejas............. sabia que quería decir eso.................
Mi mano izquierda abandonó su posición a su espalda y dos dedos de introdujeron en su orificio, húmedo y caliente................. quería notar su presión................... Casi no podía respirar pero mi ritmo de besar y lamer su sexo era constante y rítmico, acelerado por la presión de su mano en mi nuca, la cual masajeaba y apretaba contra ella. Me enloquecía esa sensación de dominio por su parte, me volvía loco al sentirme como un objeto para su placer............
Y al unísono de unas graves respiraciones y algo así como diosssssssss, diosssssssss. diossssssssssss .......... note en mis dedos de la mano izquierda como aquel orificio se apretaba y endurecía entorno a ellos y sus suaves muslos parecían de roca y su vientre se hinchaba olvidando la contención que trataba de mantener para disimular algún kilito de mas, que a mi particularmente me volvía loco..........

Máxima tensión y por unos instantes y creo que al venir a su mente la insonorización de la habitación una exclamación, un grito, un gemido maravilloso, acompasado por unos estertores de placer rompieron el silencio de mis oídos sordos por el calor y la presión de sus muslos...................... se estaba corriendo.................. dios mío..............un orgasmo en toda regla.........................
Por unos instantes se hizo el silencio...........
Sus muslos por fin se abrieron, y el aire llego a mi traquea que ya estaba pasando verdaderas dificultades respiratorias.
Oh dios mío, exclamaba, oh dios mío, mientras la mano que sujetaba mi cabeza aflojaba y me invitaba a subir hasta su cara..............
Ella misma pasó su mano por mi cara limpiando todo el zumo de mujer que empapaba mi rostro. Y me regalo un beso, un frenético beso donde su lengua recorrió varias veces la mía, envolviéndola y acariciándola.
Al soltarme me dijo....................... pero,................ yo todavía no te he mostrado como utilizo la boca para entonar el............"clarinete"........dijo con una pícara sonrisa en su boca..............
Pensaba que no lo iba a decir nunca, pensaba para mis adentros mientras mi "clarinete" goteaba y palpitaba por ser atendido.............."


Cap.3 
"Vilma se incorporó abandonando la mesa, aquel potro de tortura que la había hecho "crujir", y sin soltar mi cuello tomado por su mano por mi nuca, me hizo adoptar la posición de tortura........ era mi turno..............
Mi cuerpo estaba prácticamente desnudo y en el perfil del espejo podía verse perfectamente mi instrumento, firme, duro, autentica madera para un instrumento bien tallado. Y ella frente a mí. Apoyé mis manos en el borde de la mesa y mis piernas se entreabrían para mantener la erecta postura.
Vilma se bajo un poco aquella falda negra recogida en su cintura e hizo un gesto para quitarse aquella prenda que dificultaba mi visión de su pecho, pero le dije............... no, por favor, déjalo así............. me excitaba el contraste del blanco de su encaje con el tostado de su pecho apretado y rebosante............
Ella fue directamente a mi boca. Ahora ella llevaba las riendas y creo que disfrutaba con ello. Mis manos instintivamente fueron a su cuerpo, pero me paró, y me dijo - no, ahora las manos quietas - y obedecí, cual esclavo atado a aquella mesa que era mi lastre y mi sostén.
Besaba mi boca, mis labios, especialmente mis músculos del cuello que al tensar la cabeza hacia atrás destacaban sobremanera. Su lengua afilada subía y bajaba por mi cuello y pecho. Y en el pecho se entretuvo, vaya, si se entretuvo, sus labios chupaban mis pezones y sus dientes los mordisqueaban, realmente era doloroso pero era un dolorrrr........... no sé era un dolor embriagador, me hacia estremecer y ella se excitaba con ello e insistía, mezclaba los mordisquitos con agradables masajes de lengua, suaves y húmedos.......................... no quería ni pensar que pasaría en el sur........ me daba hasta miedo y yo creo que aquel era su juego............ hacerme sentir miedo pero darme placer......................
Su cabeza seguía bajando, sus piernas se plegaron, la falda comprimía su cadera y dibujaba una tremenda y voluptuosa figura de mujer, mientras sus manos agarraban la mía y sus ojos se fijaban por fin en el instrumento.
Por fin tantas horas de teoría, tantas explicaciones de como tomar el instrumento y poner los labios y la boca, ¿sería una buena alumna?... Se acercaba el momento................
Una de sus manos cogió el instrumento por la base y lo apretó, firme, sabia lo que hacia. Unas gotas salían por su cresta, un liquido transparente y viscoso que bajaba por toda su longitud,......... al tiempo su lengua subía desde abajo hasta encontrase con el y lo recogió con su lengua........................ para mi sorpresa se levanto despacio y me besó, algo mas que un beso, me entrego mi propia medicina en el interior de mi boca y la extendió por toda ella, diciendo a su terminar - sabroso...... a que sí -, no supe que decir..... nunca había probado mi propio sabor y menos entregado en cubierto de "plata".............
Volvió al sur. Sus ojos no se apartaban de mis ojos, no sabría decir que era más sensual, si las sensaciones o sus ojos mirándome con una media sonrisa mientras los míos pedían a gritos que embocara de una puta vez el instrumento y lo hiciera sonarrrrrrrrrrrr..........
Y llego el momento............. sin quitar sus ojos de los míos, su boca se transformo en una flor de carnosos y húmedos labios semi apretados que engullían despacio, muy despacio la boquilla del instrumento. Despacio y jugando en el interior de su boca, la lengua frotaba la parte inferior de mi "embocadura" haciéndome "crujir" mi espalda por la sensación indescriptible y el inmenso morbo de su mirada, que se deleitaba haciéndome vibrarrrrrr …………

Cap. 4
La cogí del pelo con firmeza pero controlando mi fuerza para no hacerle daño y la empujé contra mi instrumento que quería hacer sonar sus notas más altas e intensas. Ella supo descifrar mis intenciones y subió la intensidad de sus lamidos, su lengua recorría cada espacio sin dejar ni un hueco por mojar, subía y bajaba por el tocando una melodía frenética que me excitaba enormemente. Introdujo todo el instrumento en su boca hasta la entrada de su garganta y allí comió de mí, con las mismas ganas con que yo la había comido a ella, sintiendo mi dureza en su tráquea y yo, padeciendo del calor de su boca y la presión que con ella me producía.
La fue sacando lentamente mientras la succionaba y se paró en la “boquilla” donde jugó con sus labios haciendo círculos que me producían un cosquilleo y, a la vez, una gran sensación de placer y la incontinencia de mi interior, quería correrme, lo estaba deseando, quería hacerlo sobre su rostro, mancharla toda de mi semilla como ella me había manchado a mí, era el momento sin embargo…… ella cogió una de mis manos y la llevó hasta su entrepierna, sentí su humedad y supe que estaba preparada para tenerme dentro.

La retiré despacio y le comí la boca, uno de esos besos que atraviesan las bocas, la tumbé sobre el suelo y sin miramientos la penetré. Entró fácil, los dos estábamos a punto, húmedos y preparados. Su cuerpo se arqueó y un gran gemido resonó en mi oído, fue como el interruptor que me indicaba que tenía vía libre. Mis empujes no se hicieron esperar, entraba y salía de ella con todas mis ganas y mis deseos por poseerla, sus gemidos se había convertido en gritos, casi desesperados, pidiéndome no parar, sigueeee, sigueee, no paressss…. me decía y yo obedecí. La cambié de postura, a cuatro patas dándome la espalda, me encantaba ver a la mujer en esa posición, y allí la volví a penetrar, esta más con más fuerza, sus espasmos y mis acometidas eran pura delicia, una y otra vez, sin parar, sentía que mi “clarinete” ya había sido tocado de sobra y debía dar la última nota. La agarré de las caderas y la arrastré hasta mí, con mis manos la cogí con fuerza, no tenía intención de dejarla escapar, varias penetraciones sin pausa y lo solté todoooooo, mi pene eyaculó dentro de ella y ambos nos corrimos casi al mismo tiempo mezclando nuestros fluidos en la calidez de su interior.
Caímos rendidos sobre el suelo y un tierno abrazo puso fin a aquella clase que fue el principio de muchas más.
Ahora mi mujer es una experta tocando el clarinete, lo toca casi a la perfección y el mío lo sigue usando para practicar.

Autor: El Truhán.





 




Curiosidad

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Repasaba mentalmente el plan mientras saboreaba mi martini. Volví a mirar el reloj, me sentí excitada pensando que en tan solo cinco minutos empezaría la diversión. Descrucé las piernas, para cambiarlas de posición con esa actitud tantas veces estudiada y que deja boquiabierto a la mayoría de los hombres.

Volví a mirar el móvil. Justo cuando los números marcaban las 21:00 esa voz cantarina que tanto estaba esperando apareció por la puerta saludándome con su esparpajo habitual.

-  Tan puntual como siempre, querida- respondí escuetamente.

- y tu... ¡¡guaaaauu!!!.. ¡tan ... tan puta como siempre! Esta noche arrasamos nena. Con ese trapito, los vas a llevar de calle. ¡Eres una guarra!, a tu lado yo no tengo nada que hacer. 

- No seas modesta querida. Deja el parloteo, ¡qué me llevas una martini de ventaja!



Nos quedamos en ese bar de moda para calentar el ambiente. La conversación giraba en torno a la cita y la sorpresa que yo hacía días le había prometido. Mi amiga Yanet estaba ansiosa por saber cual era, pero ante mis respuestas evasivas dejó de preguntar.  A mí lo único que me interesaba era que bebiera y que se soltara un poco más. Yo tengo muy buen aguante con el alcohol, pero ella... no, pero sabiendo el punto adecuado la velada podría salir “chapeau”.

Salimos de allí para dirigirnos al restaurante que había elegido para la ocasión, un conocido establecimiento de tapeo. La velada transcurría como yo había planeado, estudiar y conocer a las personas es lo necesario para que cualquier situación acabara satisfactoriamente. Sus gestos desinhibidos y su continua verborrea, me indicaban que esa era el momento adecuado.

-¿Me acompañas al servicio?. Le susurré.

Entre risas y cuchicheos nos levantamos y caminamos a la par hasta llegar al servicio.

-  ¡Ven entra conmigo!, Tengo que enseñarte una cosa que tengo dentro del bolso-

- ¡Es esa la sorpresa!...¡joder y yo  que pensaba habías alquilado un negro para las dos para esta noche!
- No, un negro no... ¡¡tal vez para otra ocasión!!. Esto es mucho mejor. Pero prometeme una cosa debes de ser obediente y hacer todo lo que yo te diga- contesté con tono serio
Por un momento dejó de sonreír y su cara mostraba una expresión extraña al ver que no me reía.

- ¡No irás en serio!
- Sí claro, pero relájate... ¡solo es un juego!, un juego donde ambas nos lo pasaremos bien.
- ¡Venga pues, enséñame eso que llevas en el bolso!- tanta intriga me mata.
- No seas impaciente, todo ha su debido tiempo. Tu solo tienes que dejarte hacer y disfrutar- repliqué con una sonrisa maliciosa

Saqué de mi bolso la ansiada sorpresa. Su cara lo dijo todo.

- Ahora se buena y haz todo lo que yo te diga. Después te explicaré solo lo necesario.- ordené mientras le mostraba el aparatito - Abre las piernas, bájate las medias  y el tanga. Si no obedeces, tendré que hacerlo yo, pero tendrás que atenerte a las consecuencias.
Sabía perfectamente que lo haría, las confesiones de las últimas noches tras varios tragos, me hicieron ganar confianza y poner en marcha este plan, en parte principalmente para saciar mi curiosidad. 

Me arrodillé y humedeciendo el huevo vibrador con mi saliva se lo introduje suavemente en su humedecido coñito.

Antes de levantarme le di una palmada en su culo y en su coño y complacida y excitada a la vez le dije:
- Ya estas lista para disfrutar. Arréglate la ropa y sal a mover ese culo bonito. Yo llevo el mando. Sentirás miles de sensaciones.... todo depende de lo bien o mal que te muevas... No lo olvides, yo llevo el mando y yo decido. Solo quiero que cuando estés totalmente excitada al punto del orgasmo me lo digas.... y entonces acabaremos la noche... Ahora nos vamos a la discoteca a bailar y a pasarlo bien .... ¡ahhh se me olvidaba!, esta noche los hombres están prohibidos...Puedes ser todo lo puta, y calienta pollas que quieras pero esta noche eres mía...

Y así hicimos, nos fuimos a una discoteca muy conocida en la que ya antes habíamos estado. Estaba llena de gente. Nos dirigimos a la barra por un par de cubatas y derechas a la pista de baile.

Al poco de comenzar a bailar se nos acercaron dos “maromos” súper cachas, jovencitos y guapísimos, y se pusieron a tontear con nosotras. Recordé las indicaciones de mi amiga sobre que aquella noche los hombres estaban prohibidos pero ella fue la primera en engancharse a uno de ellos y yo, no iba a ser menos.
Cada vez que el chico me cogía de la cintura y se restregaba contra mí podía ver en la mirada de mi amiga sus intenciones. En cuanto veía que yo la miraba, mientras mi trasero se contoneaba y rozaba la pelvis del chico, ella metía la mano en el bolso para darle al mando. Eran pequeñas convulsiones las que despertaban en mi vientre y una sensación de excitación que subía en aumento. En ella podía comprobar su satisfacción al ver como me retorcía lentamente y ser la única que realmente sabía los motivos.

Tras un rato de baile y con dos copas ya en el cuerpo aproveché que mi chico se ofreció a traerme otra y decidí ir al baño. Mi amiga andaba comiéndole la boca a su chico, así que no la quise interrumpir y fui sola.

Afortunadamente no había cola para entrar, cosa poco usual, me metí dentro y cuando me disponía a “tomar asiento” un nuevo espasmo se apodero de mi vagina, uno tan fuerte que casi consiguió que me mease en el tanga.

-         ¡Será capulla!- pensé. No tenía ni idea de que aquel artefacto tuviera tanto alcance y además yo creía que ella ni se había percatado de mi huida.

Tras haber orinado volví a sentir otra vibración, seguida de otra y otra,  cada una más intensa que la anterior. ¡ Dios, me estaba poniendo a mil ¡. Tuve que cogerme al picaporte de la puerta y arqueando las piernas sentía un inmenso placer que me bajaba por la entrepierna y no podía controlar. Cerraba los ojos tratando de aguantarme las ganas de correrme y sentí como las primeras gotas de mi flujo vaginal corrían por mis piernas, manchando las medias y rebotando en el suelo del baño. De pronto paró.
Me incorporé cogiendo aliento, cualquiera que me hubiese visto en aquel momento hubiera pensado que me acababan de follar allí mismo. Abrí la puerta y me la encontré de cara. Mi querida amiga esperándome en la puerta con el mando en la mano y una sonrisa picarona. Me planté delante de ella y le dije:

-         Ya estoy lista, ¿ahora qué?... Ella me cogió de la mano y salimos del local.
-         Sigues siendo mía Yanet, no lo olvides y como tal esta noche eres para mi. – me dijo casi a gritos mientras salíamos.

El plan estaba saliendo genial. Tenía a Yanet donde quería, con el puntito de un par de copas y completamente excitada dispuesta a aceptar cualquier cosa que le propusiera.

Nos dirigimos a mi casa. Cogimos un taxi y Yanet se pasó todo el camino con las piernas cruzadas y los colores subidos, estaba sentada junto a ella y casi podía oler sus jugos. El taxista no se percató de nada, yo llevaba la mano metida en el bolso y desde allí manejaba los botoncitos del juguetito. Por mi parte, debo decir, que la situación me encantaba y que me ponía cachondísima, tanto que notaba como palpitaban mis labios mayores y mi sexo se preparaba para la acción.

Llegamos a mi apartamento y nos metimos en el ascensor. Apreté el botón de mi planta y nada más arrancar metí mi mano bajo el vestido de Yanet, buscando hueco para entrar en su tanga y tiré del hilito para sacar el huevo de su interior. Ella estaba muy húmeda y mis dedos se resbalaban por su coño, no me lo pensé dos veces, introduje mis dedos sin problema y la comencé a masturbar. Al momento Yanet quiso retirarme pero no le dejé opción. La acorralé contra una esquina y sin dejarla defenderse la besé. No sabía cual sería su reacción y me arriesgué a que la velada se estropease, pero mi intención desde un principio era acabar con ella en la cama, así que no dejé de mover mis manos dentro de su coñito mojado entrando aún más mientras la comía a besos con mi lengua casi en su garganta sin dejarla apenas respirar.
Paramos en mi planta y ni nos dimos cuenta. Yanet ya llevaba el vestido subido hasta la cintura y los besos habían pasado a las caricias, donde sus manos habían desabrochado mi sujetador dejando en libertad mis grandes pechos y sus labios ya habían rozado mis pezones erectos, sin pedir permiso ni pararse a pensar.

Entramos en casa y fuimos derechas a la cama. Por el camino nos quedamos completamente desnudas y los gemidos comenzaron a hacer eco en el pasillo.

Tumbadas sobre la cama las manos se apoderaron de nuestros sexos. Los besos ya habían recorrido gran parte de nuestros cuerpos y Yanet seguía centrada en mis tetas de las que comía con ansias – la muy zorra sabía que era mi debilidad que los tíos me las comiesen-. Yo me retorcía de placer con sus manos en mi coño y su boca en mis tetas. La retiré con suavidad y la tumbé boca arriba, con las piernas bien abiertas e introduje mi cara entre ellas, comiéndoselo todo. Mi lengua hacía círculos en su clítoris y bajaba hasta entrar en su vagina, al principio con suavidad y después con más dureza. Los gemidos de Yanet se convirtieron en gritos y sofocos entrecortados, mis manos seguían masturbando mi propio coño mientras la oía decirme que no parase.
Alargué el brazo y abrí el cajón de la mesilla de noche, saqué mi vibrador favorito, uno muy grande y se lo introduje. El frío acero la hizo estremecer y soltar un sonoro quejido. Giré la ruedecita  al máximo y dejé que la vibración le diera placer. Acerqué mis tetas a su boca y mientras lamía y comía mis pezones comencé de nuevo a masturbarme. Deslicé mi dedo por mi clítoris y comencé a frotarlo como a mí me gusta, rápido y fuerte, el orgasmo no tardo en llegar. Volví a agarrar el vibrador que tenía mi amiga y sin bajar la intensidad lo moví rápidamente hasta conseguir su orgasmo.
Estabamos extasiadas cada una pensando en lo suyo. Yo con el sabor de sus jugos en mi boca y saboreándolos di por satisfecha mi curiosidad.

Autora: Escorts

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El Anuncio 
El Anuncio
1.
Como cada sábado de primero de mes y con la paga recién cobrada, ojeaba las páginas de clasificados para ver que de nuevo había publicado. Columna arriba y abajo con nombres sugerentes de mujer, exóticas frases invitando al placer y entre todo aquel maremágnum de atrevidas frases y fotos, había un anuncio distinto. Pequeño, casi inadvertido, “quieres masturbarte para mi”, rezaba una escueta línea rematada por una cuenta de correo electrónico.
Vaya, igual pagan y todo –pensé-
La pasé por encima y continué leyendo anuncios en columnas hasta los travestis donde los textos ya perdían ni interés.
Lo de siempre, nada nuevo nos deparaban aquellas dos grises páginas de anuncios de sexo de prepago.
Mi mirada volvió a la diminuta línea, “quieres masturbarte para mi”. Quien será el chalao o chalada que escribe esto. Pero llamaba mi atención como algo diferente y novedoso para esas páginas.
Porque no?, voy a escribir a ver de que va esto…….
Mail:
Hola, soy un varón de 50 años con 1,80cm  85kg y estaría interesado en saber de que se trata el anuncio que cita “quieres masturbarte para mi”
Gracias
Y sorprendentemente antes de la cuenta un cling anunciaba – recibidos (1) –
Era la respuesta a mi mail. Me quedé perplejo, pero si casi no había habido tiempo para la respuesta. Sería un servidor pre configurado?
Abrí impaciente el mail de respuesta.
Re:Mail
Hola varón de 50 años. Soy una mujer madura imposibilitada para el sexo físico pero de ardiente deseo.
No dispongo de dinero. Y tampoco busco el contacto físico. Esto es algo diferente es una masturbación mutua sin contacto directo pero no menos satisfactoria.
Si eres discreto, valiente y realmente está interesado, escríbeme.
Luz
Joder con la Luz esta, si soy valiente dice, pues “pa cojones” los míos.
Re:Re:Mail
Hola Luz, bonito nombre.
Si, estoy interesado, soy valiente, discreto y espero no decepcionarte.
Explícame como donde y cuando.
Saludos
Ah, llámame Sam     (Enviar)
Cling, sonó de nuevo en recibidos (1)
Re:Re:Re:Mail
Hola Sam,
Esta noche, a las 23:00 calle Patio de la Camelias, 54 entreplanta, la puerta estará abierta.
No des las luces, pasillo al fondo a la derecha última habitación. Encontraras lo necesario.
Veras un biombo japonés, por ningún motivo pases al otro lado, ni lo quites ni lo muevas. Tampoco hace falta que hables, no habrá conversación ni respuesta.
Hasta luego Sam.
Glupp, glupp, glupp, pensé……………… me parece que le van a dar por culo a la Luz esta, no te jode, como se atreve a darme instrucciones. No respondí.
Salí de casa para hacer algunas compras y rellenar la nevera del divorciado solitario en el que me había convertido hacia ya cinco años.
Mientras pilotaba el carrito del Carrefour y apilaba las compras alguien me dijo – mira por donde vas -.
-- si perdón – joder, la verdad es que mi cabeza no paraba de darle vueltas a la idea de acudir a la cita de las once de la noche y en aquel despiste iba arrollando estanterías y personas que ninguna culpa tenían.
Saque la blackberry del bolsillo y conecté el mail. Recibidos (4) a verrrrr…..
Enagas, Leroy Merlin, uno de no sé que producto para alargarme la polla y el de Luz con un escueto “vendrás?”……..
Con la mirada fija en la pantallita y sin darme cuenta, embestí contra un lote de botes de tomate perfectamente apilados el pie de una estantería que derribe y luego ordené como pude, a toda leche para volver a la “jodia” pantallita.
Arranca arranca coño, teléfono de los cojo….., - pensaba –
Re:Re:Re:Re:Mail
Vendrás?.................
Re:Re:Re:Re:Re:Mail
SI, iré   -sentencié-
Ya estaba  hecho.
Me dirigí a toda leche a la caja tratando de no  atropellar enseres ni personas, pero tenía que llegar a casa a prepararme para la misteriosa cita a ciegas.
………..
Ya en casa tiré al suelo de la cocina las bolsas de la compra y raudo me fui a la ducha para ponerme a punto. Me rasuré la “zona de conflicto” mientras pensaba, joder a ver que sale de esta aventura que ya empezaba a doblegar mi “valentía”.
Mas vueltas que un gato encerrado en una jaula, di a lo largo de las casi cinco horas de espera hasta el momento de la cita, pero ya estaba andando por el Paseo de la Camelias a la altura del 42.
Los portales pares pasaban lentamente al paso de mis pisadas que a esas horas y por aquella intransitada calle, sonaban marcando el ritmo de película de terror.
Valiente yo, no te jode – pensaba para darme ánimos-
54, número cincuenta y cuatro. Allí estaba.
Empujé la puerta de acceso al edificio, estaba abierta. Una puerta metálica con rejas y cristales amarillentos, en los que se descolgaba una esquela ya caduca y que daba acceso a un rellano con un cutre ascensor y una escalera con una flecha que indicaba “entreplanta”.
Subí las escasas escaleras y giré en la salida del rellano a la entreplanta.
Una única puerta al fondo del pasillo. Oscuro, la luz no funcionaba y sólo quedaba iluminada por la luz del portal que proyectaba mi sobra en la puerta de madera de sapeli.
La cerradura tenía manilla y llave.
Mire el reloj, las verdes manecillas reflectantes me indicaban que todavía no eran las once en punto.
Todavía podía dar media vuelta – pensaba mientras mi valentía me miraba desde la entrada de aquel pasillo-.
Pero mi curiosidad podía más que el miedo y mi mano empuño la manilla, que efectivamente cedió a la presión abriendo la puerta como ya me había pronosticado Luz.

2.
El recibidor estaba oscuro y olia como huele en las casas viejas, una mezcla a humedad, ambientador barato de flores rancias y poca ventilación. Pero los matices del ambientador podían sobre el resto le daba un puntillo como a incienso o algo así.
Entré y cerré suavemente la puerta tras de mi. Había un silencio mortal solo interrumpido por lejanos sonidos de vecindad.
Cuando ya los ojos se habían acostumbrado a la luz, pude ver con mas claridad el pasillo y la alfombra alargada que lo cubría. También vi unas luces de esas que se ponen en las tomas de corriente para dar algo de luz a las noches. Unas luces tibias que marcaban el pasillo como las líneas de seguridad en el pasillo de los aviones. Y al fondo a la derecha más luz que salía de una habitación.
- Holaaaa……… - dije bajito –
- Holaaaaa   hay alguien ahí – repetí –
Pero nada silencio absoluto. Joderrr  con una de mis manos y desde el interior del bolsillo del pantalón, trate de tocar mi polla porque no la sentía. En efecto, se había ido, se me había metido para dentro. Debía tener más miedo que yo.
No debías de haber entrado Sami –pensé-.
Ya por fin me decidí a avanzar por el pasillo. Un pasillo con suelo de madera que crujía amortiguado por la alfombra que mullía mis pasos.
Llegado al marco de la habitación del fondo asomé la cabeza y volví a repetir,  - holaaa –
Silencio.
Miré mejor y allí había una cama. La cama era de esas antiguas de estructura metálica. Unas mesillas con lamparitas de cristalitos de colores y un biombo en el lado derecho de la habitación que parecía ocultar las puertas de un armario empotrado y flores en unos jarrones sobre un mueble lateral con cajones de madera de esos antiguos. Las flores eran las que dabán aquel caracteristico olor quizás.

Avancé para ver mejor la habitación y pude ver algo encima de la cama, un objeto cilíndrico, o mejor dicho dos, uno grande y uno pequeños, y un libro o mejor dicho un álbum de esos de fotos.
También había un espejo de esos de cuerpo entero móvil, como el de los sastres, situado entre la mesilla derecha y el biombo.
Me acerque a la cama y vi más de cerca el objeto cilíndrico con forma de linterna. Ponía Fleshlight en su lateral. Claro, un fleshlight, joder…. yo sabia lo que era aquello, claro, lo había visto en algún anuncio de sexshops on line. Era un masturbador masculino. Un bote  transparente con forma de linterna en cuyo interior hay una masa siliconacea que imita un coño, boca o culo, y lo abrí.
Sorpresa, me había tocado una boca transparente y el otro bote era el lubricante……. jejeje -sonreí socarronamente-
Las cosas empezaban a encajar mejor, pero hostias, tanto silencio y tanto misterio, joder todavía no me cabía el alma en el cuerpoo.. coño.
Y el álbum? Lo abrí………. Fotos, fotos eróticas y subiditas de tono. Era un book de esos de las artistas pero todo en plan erótico o incluso pornográfico. Con fotos desde en color sepia o gris hasta actuales en color.
Siempre la misma mujer, distintas posturas, ropas, atuendos, sóla y en compañía de torsos de hombres a los que no se les veía la cara. A ella si.
Su cara está siempre presente y con la mirada en la cámara. Como si supiese que esas fotos estaban hechas para ser observadas.
Guapa, muy guapa. Rubia de pelo rizado y muy delgada, yo diría que casi anoréxica y alta, con unas piernas mas largas que un día sin pan.
-- Empieza por favor – dijo una voz –
Un escalofrío me recorrió el cuerpo, el fleshlight se me cayó al suelo provocando un sordo “bomm” …………. De donde cojones había salido aquella voz, de detrás del biombo?....... no lo parecía, pero no había otra, allí a la vista no había nadie. Sólo podía estar allí entre el biombo y el armario empotrado.
Recogí el fleshlight del suelo y me acerqué al biombo….
-- No,    no por favor,  no te acerques. Empieza por favor, te lo ruego. – insistió la voz –
Era una voz cálida, agradable, una voz que te envolvía. Un “te lo ruego” que no daba miedo, un “te lo ruego” sereno, pausado y tranquilizador. Una bonita y redonda voz de mujer.
Me alejé del biombo siguiendo mis pasos en sentido inverso.
Deje el masturbador sobre la cama y me senté en ella. Cogí el álbum y comencé desde el principio.

video
Una chica muy joven, patilarga, que parecía acariciarse los diminutos pechos y pellizcaba sus puntiagudos pezones de niña.
Fotos de ella de rodillas con lencería antigua sobre una almohada y una lasciva cara de niña mala que frotaba su sexo contra el almohadillado simulacro de hombre.
Fotos de con su coño sobre la barandilla de una cama donde los labios mayores envolvían la barra y se la comían literalmente.
Fotos que joder, comenzaban a despertar el interés de mi acojonada polla, que comenzaba a asomar por allí tratando de salir de su entelado acomodo.
Me incorporé y soltándome el cinturón recordé que me estaba viendo ella. Mi cabeza asumió que ella era una señora mayor que me enseñaba su fresca juventud y que ahora no deseaba enseñar sus arrugas oculta tras el biombo.
Esa idea me potenció la excitación y deseaba regalarle yo también un espectáculo.   Unas imágenes que le recordasen sus frescos años de lozanía y le hicieran sentirse deseada como antaño.
 ..............................
3.
Me quité los zapatos y los calcetines. Joder no hay nada mas cutre que un maromo en pelota, la polla al viento y……………. calcetines………. no………… definitivamente sin calcetines.
También solté mi pantalón y me despojé de él acomodándolo en una silla que quedaba oculta al abrir la puerta.
Mi polla tiraba fuertemente de mi calzoncillo, un bóxer azul azafata, me mostraba síntomas de humedad en su punto de mayor tensión y lo liberé también. Despacito, sexy, pero sin ridículos gestos de boy de pago.
Allí estaba yo delante del biombo y delante del espejo del cual no me había percatado hasta aquél momento. Pero joder, que estratégicamente situado estaba. Me veía de cuerpo entero. Sólo cubierto por una camisa blanca de rayitas finas azules que comencé a abrir, despacio, lentos movimientos de mis manos sobre los botones hasta abrirla completamente pero sin despojarme de ella.
Me excitaba yo conmigo mismo, manda güevos, pero quería utilizar sus fotos, quería alagarla, así que cogí la silla y la puse entre el espejo y el biombo para sujetar el álbum con sus sugerentes fotos.
Mi excitación era notable, mi mano derecha acariciaba la polla cogiéndola sólo con los dedos sin envolverla en la mano para que la pudiese ver desde su escondite del biombo.
Pasaba las fotos en las que la veía evolucionar en edad y en provocación.
A medida que su edad avanzaba, que no impedía que fuera más sugerente o por lo menos a mi me lo parecía así, ya que desde siempre me habían gustado las mujeres maduras. A mas edad, aparecían menos compañías masculina y había mas erotismo con objetos y posturas.
Había una que me excitó diferencialmente y era en aquella misma habitación. Vestida muy sexy, estilo años 60, jugando con una de las bolitas metálicas que encumbraban las esquinas del armazón metálico de la cama.
Diosss, era una secuencia de fotos que joderrrrrrrr………….. la presión en el mango me lo iba a  reventar.
Decicí utilizar el juguetito que ha había facilitado. Cogí el fleshlight, le añadí un poco de gel lubricante y lo acerque a la punta de mi miembro que latía y goteaba pidiendo más acción.
Apoyé mi punta en el orificio con forma de boca y despacito introduje toda la polla.
Se sentía un poco frio pero joderrrr, no era mala la sensación no, noooo era muy buenaaaaa. No había probado un cacharrito de esos pero hostias……… ya entrado todo, la sensación era………. Wuaaaa……..  suave pero con no sé,  unos dibujos interiores, unas protuberancias, que diossss………. Además veía entrar mi polla a través de las transparencias del material, que se deformaba a medida que entraba en el y la comprimida haciendo más excitante todavía.
Yo tenía un aparato demasiado largo pero si gruesa, si muy gruesa, tan gruesa que desbordaba los labios de silicona y llenaba el estuche comprimiendo el conjunto y comprimiéndome la polla haciendo me sentir cada centímetro que entraba. Las protuberancias masajeaban mi aparato y la presión se empezaba a concentrar en los güevos.
Mi cuerpo se curvaba y la respiración aumentaba al tiempo que descubría una presencia, su presencia. Allí había alguien ………….
Otra respiración se podía sentir. No sé, el sonido y la presencia no era direccional, venía de todos los sitios, me envolvía. Juraría que alguien chupaba mis pelotas aunque también podía ser la succión del juguetito que me las absorbía cada vez que lo sacaba por el efecto del vacío.
No sé, pero la sensación era muy buena. Ya se había calentado el material y era mas suave, mi lubricación natural también inundaba sus paredes y los sonidos de chupurruteo y la respiración de ella tras el biombo cada vez era mas sensual erótica y pronunciada.
Ella gemía y yo casi no podía aguantar más.
El fleshlight ya casi desenfrenado golpeaba con su borde duro contra mi pubis con dolorosas y salvajes embestidas transformadas en placer, auteeeentico placerrrrr……..
No podía más, mi cuerpo se curvaba y convulsionaba en aquella posición erguida al tiempo que sus gemidos se acompasaban con los mios y diosssssssssss ……………….. empecé a eyacularrrrrr……….
Chorros de espeso placer iban llenando el fondo del fleshlight.
Veía como se tornaba en blanco el transparente fondo del cacharro con la super corrida que estaba teniendo. No sé si la excitación, las semanas de abstinencia y lo morboso de la situación pero eyaculé como nunca. Mi orgasmo duró casi medio minuto y exhausto caí de rodillas apoyando mi cara en la silla sobre una foto en la que su cara era protagonista y la besé.
La besé como si estuviera allí conmigo, boca con boca, exhalación con exhalación. La podía sentir envolviéndome, podía sentir su presencia tan cerca de mi aunque separados por aquel estúpido biombo. Pero eran sus reglas, era su fantasía, era su deseo y mi “deber”.
Me incorporé como pude hasta llegar a la cama donde me senté y recuperé el resuello.
Todavía mi polla era capaz de sujetar ella sola el fleshlight en alto, pero al poco empezó a ceder y le permití “tomar aire”.
El silencio había vuelto. Yo no podía otro más estaba agotado, me temblaban las piernas y los brazos.
No sabía que hacer.  Descubrí una caja de toallitas encima de un radiador que usé para limpiarme. Me volví hacia el biombo.
Silencio.
-- Ya hemos acabado? – pregunté –
Pero no hubo respuesta. Intuí que sí.
-- Habrá otra vez? – insistí –
Pero obtuve la misma respuesta, silencio.
Me enojó su falta de respuesta. Me levanté, cerré el juguete con su tapa y lo eché junto con las toallitas usadas a la papelera que había cerca de la mesilla.
Me vestí y antes de salir por la puerta desairado dije – adiós -  y cerré de un portazo que dejará claro mi enfado.
Salí al portal pensando en lo absurdo de la situación y en porqué no me había dejado verla…..
- Es usted el último? – me dijo un señor bajito que entraba de la calle en zapatillas tras haber tirado la basura.
-- El último? El último de que? – respondí entre sorprendido y sobresaltado –
- Pues el último del velatorio de la señora Luz – sentenció –
-- Veeeelatooooriooo……..  tartamudee……………  si si si si soy el últimooooo si  – dije mientras salía atolondrado del portal…..
Velatorio?    Pensaba mientras me alejaba del siniestro barrio, pero que coñooo………
………………
Ya en casa y con el corazón que se me salía del pecho cogí frenético el periódico y tras la sección de clasificados comprobé las necrológicas….
María Luz O. B. vecina de……….. y domiciliada en   calle Patio de la Camelias, 54 entreplanta, falleció ayer a la edad de 79 años, descanse en paz r.i.p.
Un vuelco me dio el corazón, no entendía nada …………….
Volvía escribir a la cuenta de correo.
Mail:
Hola soy yo Sam el de antes, estas ahí?
Re:Mail
Error permanente de entrega
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La cuenta de correo especificada no existe.

Re:Re:Mail
Error permanente de entrega
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La cuenta de correo especificada no existe.
Re:Re:Re:Mail
Error permanente de entrega
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La cuenta de correo especificada no existe.
…………………………………………………  FIN ...............................



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  El Cumpleaños


Capítulo I: Una entrega sin sobre


Era temprano, una dura erección me saludó entre legañas del último sueño, acaricié mi verga entre las sábanas calientes y ella me pidió más. Como consuelo la presioné tan fuerte como mi mano derecha fue capaz, le gustó. Pensando en lo que tenía que venir resistí el impulso de masturbarme y me levanté.

Ya duchado cogí el teléfono y marqué.

—Hola, buenos días —saludó una voz pesada por lo temprano de la hora.

—Feliz cumpleaños preciosa.

—Gracias —dijo dejando caer la voz.

—Paso a por ti en media hora, ponte guapa.

—¿Vienes? —dijo ella sorprendida.

—Claro, es tu cumpleaños, te tengo preparada una sorpresa.

Habíamos roto hacía ya dos años. Sin embargo, nos seguíamos viendo de vez en cuando. Su cuerpo me volvía loco y los ocasionales polvos que nos echábamos eran de esos placeres a los que no estaba dispuesto a renunciar. Ella, por lo visto, tampoco.

—¿Qué quieres que me ponga? —preguntó con voz pícara.

—Lo que sea que te quede pequeño —dije yo.


La llevé de compras a un sex-shop donde solíamos comprarnos regalitos cuando nuestra relación era estable.

—Tienes barra libre, yo pago. Nos vemos en la caja dentro de un rato.

—¿Tú pagas? —insistió ella para asegurarse.

—Ajá, compra lo que quieras y mételo en una bolsa, yo también compraré unas cosillas, después las usaremos. Será como cuando nos dábamos los regalos para Navidad.

—¿Y habrá árbol?

—Quizás tronco, ramas no sé muy bien —ella rió nerviosa y se fue hacia la sección de consoladores. Yo me fui a la sección BDSM, sabía lo que quería.

Al cabo de un rato llevaba una bolsa enorme llena de cosas y me dirigí a la caja, ella terminaba de meter el último paquete ya facturado por el cajero en su bolsa.

—Espérame fuera, no quiero que veas lo que he comprado —le dije— . Cóbreme lo suyo a mi —continué hablando al dependiente.

Ya en la calle metimos nuestras compras en el maletero del coche y la llevé a tomar un café. Ella estaba muy animada, expectante.

—¿No es muy temprano para celebrar un cumpleaños? —me dijo mientras echaba aceite a su tostada.

—Bueno, hay muchas cosas que hacer hoy, tranquila, lo tengo todo planeado. Tú déjate llevar.

—No me fío de ti ¿Qué has preparado? —sonreí al pasárseme por la cabeza el resto del plan que ella no podía si quiera sospechar, debí poner una cara demasiado expresiva—. Me das miedo, sepa Dios lo que se te ha podido ocurrir con esa mente de cabrón que tienes.

—Estás muy guapa hoy —dije plantándole un beso por toda respuesta. Ella me lo devolvió, tenía la boca húmeda y su lengua me habló de cosas mojadas y deseos ardientes. Apoyé disimuladamente mi mano en su muslo y apreté mientras nuestras lenguas dejaban nuestras caras chorreando. Estábamos dando un espectáculo.

—¡Eh! —susurré separándome— el camarero me mira con deseo, para ya.

—Será a mí, no seas vanidoso —rió ella.

—Debe ser gay —argumenté.

—Una lástima, está para mojar pan.

—¿Quieres que lo invitemos a la fiesta y así lo comprobamos? —mi voz, demasiado sincera, detuvo la broma. Ella se retiró y se me quedó mirando sin saber que decir. Pero no había dicho que no. Notándolo, yo empecé a reírme.

—¿De qué te ríes? —preguntó ella.

— No has dicho que no.

—No —contestó. Yo reí con ganas.

Ya en la calle le propuse ir a fumar unos porros a lo que ella accedió de inmediato, siempre le había gustado el hachís. Otra de las cosas que teníamos en común.

—Piensas en todo —me dijo mientras encendía el porro.

—Soy un caballero —contesté— los caballeros pensamos en todo cuando quedamos con una dama.

—¡Mmmm! —suspiró exhalando el humo— lo echaba de menos, que bueno está.

El ambiente era relajado, ella disfrutaba. Aproveché el momento.

—Te he comprado unas cosas en la tienda que me gustaría verte puestas —le dije.

—Si quieres vamos a mi casa —ofreció ella.

—No. He alquilado la habitación de un hotel. Hoy lo celebraremos por todo lo alto.

—Genial. Terminamos el porro y nos vamos. Estoy muy caliente. Me pondré lo que tú quieras —dijo ella gentil.

—Me temo que no basta —dije arriesgándome.

—¿Cómo? —dijo ella divertida.

—Es una ocasión especial, quiero jugar a un juego que te gustará, pero habrás de confiar en mí. Necesito que me prometas una cosa.

—¿Confiar en ti? ¡Ja! —dijo ella realmente divertida —Sabes que no se puede confiar en ti.

—Bueno, pues entonces te doy los regalos que te he comprado y anulo la habitación de hotel.

—Chantajista asqueroso. Eso no se hace. Tengo curiosidad y lo sabes.

—La curiosidad siempre mata a la gata. Y a las zorras ¿lo sabías?

—Cabrón —sentenció.

Se acabó el porro y lo tiró por la ventanilla del coche. Sus ojos estaban colorados e hinchados manifestando un cuelgue importante. La droga siempre le hacía un raudo efecto. Sabía que me quería entre sus piernas, y me quería ya.

—¿Qué promesa? —dijo retomando la conversación.

—Es fácil. Si subimos a la habitación harás exactamente lo que yo te diga cuando yo te lo diga. No protestarás. La promesa solo durará mientras estemos en la habitación. Cuando salgamos de ella estarás liberada pero dentro, eres mía. Totalmente mía.

—Mmmm —ella se quedó reflexionando.

Dejé que se lo pensara, sabía que tenía miedo y que me conocía lo suficiente como para temer mis ocurrencias. Hacía bien. Sin embargo, el pastel que le ofrecía era demasiado goloso. Un hotel, unas bolsas adquiridas en un sex shop y cuyo contenido ella desconocía, y sobre todo sus ganas de follar. Ella no sabía muy bien —ni muy mal— cómo, pero sabía que sus deseos acabarían siendo satisfechos en esa habitación del hotel.

—¿Y por qué no nos vamos a mi casa y te hago un pase de modelos? Allí también podríamos jugar a ese juego —intentó ella. Yo estaba preparado para ese ofrecimiento.

—Bueno, si quieres podemos acabar en tu casa. Pero entonces no jugaremos. Iremos, tú me harás un pase de modelos, te tumbaré en la mesa de la cocina y te follaré. Pero ahí se acaba todo. Tú decides.

—Eres un cabrón ¿te lo he dicho?

—Algo me ha parecido oír.

De camino al hotel ella mantuvo un silencio que envolvía su miedo. Se arrepentió muchas veces, pero mi indiferencia era suficiente acicate para que el morbo y la curiosidad jugaran a mi favor. Llegamos a la puerta del hotel y aparqué en el sótano. Hice otro porro y se lo pasé.

—Estás acojonada, confiésalo.

—Sí, la verdad, un poco.

—No seas tonta, sabes que no te haría daño. Pero si quieres abandonar esta es tu última oportunidad para echarte atrás. Tranquila, tu cobardía quedará entre nosotros.

-Eres un ...

- Ya, ya lo sé. Soy un cabrón. Pesadita estás hoy…

Subimos.

Capítulo II: La entrega

Cerré la puerta de la habitación tras de mí y el mundo quedó fuera. Ella había aceptado al traspasar aquella puerta lo que iba a ser, eso me había propuesto, un cumpleaños que no olvidaría jamás. Hasta ese momento todo había sido un juego de promesas e insinuaciones que ella había aceptado de buen grado. Yo sabía que no era un juego inocente aunque debía de andar con cautela. No quería que saliera huyendo despavorida.
—¿Y bien? —preguntó con voz desafiante.
—Ahora las reglas —dije yo sentándome en el sofá y apoyando los pies en la cama. Empecé a currarme otro porro mientras seguía hablando. —Ahora no soy yo, ahora soy tu amo, dilo.
—¿Que diga qué? —dijo abriendo mucho la boca.
—Llámame amo o te azotaré con esto —encendí el porro y lo retuve en la boca. Rebusqué en mi bolsa del sex-shop y saqué un látigo negro con cinco colas que arrojé encima de la cama para que pudiera verlo con detalle. Ella lo miró divertida y entendió el juego, yo confiaba en su inteligencia y no me defraudó, sin embargo aún quedaba mucho, debía ser paciente.
—Anda amo, pásame el porro —dijo sentándose en la cama y mirando el látigo de cerca, lo cogió y lo probó golpeando el sobrecama de manera suave.
—No, perra. No me lo has pedido con el suficiente respeto. No hay porro —dije dando una profunda calada y echándole el humo tan cerca de su rostro como nuestra distancia me permitió.
—¿Y qué quieres a cambio de una calada, amo? —ella se arrodilló y se puso entre mis piernas, su mano se posó en mi bragueta. Quedó esperando mi respuesta.
—No creo haberte dado permiso para tocarme, perra. —contesté.
El tono de mi voz era lo suficientemente ligero como para que no representara ninguna amenaza, pero lo bastante firme como para que no cupiera duda acerca de mis intenciones. Ella se quedó sin saber qué decir entre curiosa, divertida y muy, muy perdida.
—Levántate y ve al aseo, hay que vestirte —le dije.
Se lo pensó un instante pero mi ofrecimiento no encerraba, en principio, ninguna amenaza. Le ofrecí el porro aún arrodillada y fumó una extensa calada. Tras expulsar el humo se levantó y se dirigió al aseo. Yo cogí las dos bolsas de la tienda y fui tras ella. Se apoyó en la encimera del lavabo y se dio la vuelta ofreciéndoseme. Yo le puse la mano en la cara y la deslicé apoyando un dedo en su cuello en dirección a la camisa, desabrochándole el primer botón. Ella gimió. Estaba muy caliente y su cuerpo pugnaba con pegarse al mío de forma involuntaria.
—Quieta. Primero te voy a vestir. Date la vuelta.
Ella obedeció y se quedó observándome en el reflejo del espejo con los ojos repletos de deseo, la expectativa de que la desnudara y la vistiera era, sin duda, muy excitante.
La rodeé con uno de mis brazos y seguí desabrochándole botones hasta que su camisa se abrió por completo dejando a la vista un sujetador demasiado pequeño para sus enormes pechos que hizo que me distrajera mirándolos. Ella se dio cuenta e intentó tomar el control.
—Es pequeño ¿verdad? —dijo mirándome a la cara a través del espejo.
—Eres una zorra con un cuerpo para gozar. Te has portado bien, sí, es muy pequeño —le dije pasándole el porro con la otra mano de forma que quedó abrazada. Ella se metió el porro en la boca y al pegarle una calada pasó su lengua por mi dedo que sujetaba el cigarrillo. Fumó. Yo retiré la mano y con la otra le quité la camisa. Ella se apoyó en la encimera y volvió a gemir. Le di un leve azote en la nalga.
—Aún no, perra —le dije mientras desabrochaba el botón del pantalón. Baje la cremallera y ella juntó las piernas para ayudarme a quitarle los pantalones. Me agaché sujetando el porro con la boca y usé ambas manos para bajárselos, pasé cerca de su culo adornado con unas bragas blancas. También eran muy pequeñas. Los glúteos hacían por meterlas en la raja de su culo brindándome una vista espectacular en la que me recreé. Estaba muy buena. Ella, excitada al notar mi vista en su trasero, lo echó hacia atrás gimiendo y la azoté de nuevo con la palma de mi mano. Le gustó. Yo la ignoré y le quité los zapatos para sacar el pantalón quedándose en ropa interior.
Aparté la ropa y rebusqué en la bolsa sacando varios objetos que dejé en el suelo de forma que ella no pudiera verlos. Me alcé llevando una cinta blanca en la mano. Se la mostré y ella sonrió sacando la lengua instintivamente. Le vendé los ojos cuidando en no apretar demasiado la cinta para que estuviera cómoda. Me separé de ella. Acusó la distancia moviendo rítmicamente el cuerpo intentando tocarme con su trasero. Pero no me encontró.

—Date la vuelta —le ordené. Ella lo hizo y dejó las piernas separadas apoyándose de nuevo en la encimera, ahora estaba ciega y sentía la necesidad de un apoyo. Le miré la entrepierna, una leve mancha en sus braguitas delataba que estaba literalmente chorreando de excitación. —Estás muy mojada zorra —le dije. Suspiró asintiendo con la cabeza. Me arrodillé frente a ella dejando mi cara a la altura de su pubis, dejé escapar mi aliento que fue a estrellarse contra sus húmedas bragas y ella abrió más aún las piernas. Metí la mano en la bolsa y saqué dos medias negras de fantasía. Rocé con mis dedos uno de sus tobillos y apoyé su pierna en mi rodilla, sentí temblar su carne allí donde era tocada por mis manos. Enrollé la media y la metí en su pie hasta la parte baja de la pantorrilla. Muy despacio, la fui deslizando hacia su muslo con ambas manos presionando para que la media quedara tirante. Ella gozaba con la presión y su boca, involuntariamente abierta, dejaba escapar gemidos mirando esa escena que no podía ver. Repetí la operación con la otra media.
Me levanté y contemplé el resultado. Estaba preciosa. Metí de nuevo la mano en la bolsa y saqué dos zapatos con un enorme tacón. Se los puse.
—Estás preciosa, perra. Me muero por follarte ese coño de puta que chorrea para mí —dije susurrándole con lascivia al oído.
—Ss..sí.
—Sí, amo —la rectifiqué.
—Sí, amo. Fóllame —concedió ella.
—Aún no he terminado.
Saqué un collar de la bolsa y se lo puse en el cuello. Cogí la cadena del collar y estiré muy suavemente para que ella tuviera claro lo que le había puesto.
—Arrollídate, perra —ella lo hizo sin dudar—. Ahora te voy a dar un paseo, quiero verte a cuatro patas vestida como una zorra. Pegué un pequeño tirón y ella apoyó las manos en el suelo. La saqué del aseo y la paseé por la habitación. Le miré el culo mientras apoyaba sus rodillas, estaba realmente deseable. Até la correa al sillón junto a la cama y me dirigí al bar. Tenía sed. Cogí una lata de cerveza y me puse a beber mientras observaba a mi perra atada al sillón.
—¿Quieres beber? —le pregunté.
—Me muero de sed, amo —contestó ella.
Me dirigí al aseo y metí de nuevo la mano en la bolsa. Fui hacia el salón y me acuclillé junto a ella, puse una escudilla frente a sus manos apoyadas en el suelo y vertí lo que quedaba de cerveza.
—Bebe —le dije apoyando la escudilla en sus labios, ella probó la cerveza y tragó ávidamente. Retiré la escudilla y la puse en el suelo.
—Bebe como las perras — le ordené. Ella se puso a lamer hasta que vació el recipiente.
Estaba entregada.
Fue entonces cuando llamaron a la puerta.Miré el reloj, daba gusto trabajar con profesionales.
—Vienen más regalos, perra.

Capitulo III: ...te deséamos todos...

Abrí la puerta.
—Buenas tardes, dijo un hombre de color en un español que se me antojó improcedente —nos envía la agencia— continuó diciendo.
Los invité a pasar advirtiendo las miradas que se posaron en ella aún atada al sillón del sofá y con los ojos vendados. De constitución atlética y elegantemente vestidos ambos se quedaron cortados ante la escena de una mujer arrodillada ante una escudilla vacía.
—¿Una copa? —les ofrecí encajando una conversación necesaria para relajar el ambiente —hay whisky, ginebra …, whisky y ginebra.
—Whisky estará bien, gracias —continuó hablando el de color.
Saqué dos pequeñas botellas del licor y las serví con hielo mientras echaban miradas claramente lascivas a mi perra que tendía la cabeza atenta intentando adivinar lo que ocurría.
—¿Está buena, verdad? —dije ofreciéndoles la bebida mientras se sentaban en el borde de la cama en ausencia de más sillones —Aún no tiene nombre, os esperaba ¿Cuál os parece que le pongamos? —ambos me miraron sorprendidos, sin embargo reaccionaron rápidamente comprendiendo el juego para el que habían sido contratados.
—Me gusta tú —dijo hablando por primera vez el pelirrojo.
—Tú —repetí yo —sí, está bien.
Mire a “tú” que atendía todas nuestras palabras en un silencio que —he de decir—, me complació. Apenas se movía, pero un ligero vaivén de su pelvis me hizo pensar en la cantidad de horas que llevaba sin ir al aseo.
—Poneos cómodos, ahora venimos.
Me dirigí hacia el sofá y la desaté cogiendo la correa dándole un tirón que ella obedeció de inmediato. Fuimos hacia al cuarto de baño pasando frente a mis dos invitados que posaron su vista en el culo de “tú” sin disimulo. Dejé la puerta abierta para permitir una vista sin obstáculos.
La senté en la taza del wáter.
—Puedes mear —le dije.
Ella se deslizó las diminutas bragas hasta las rodillas y meó. Un sonido largo y continuo surgió del fondo de la taza. Realmente era urgente su necesidad, una pose de relajación acudió a su cara vendada y vulnerable. Terminó y me acerqué cogiendo un poco de papel del dispensador. Le bajé las bragas hasta los tobillos y aproximé mi mano a su entrepierna que tropezó con sus muslos semicerrados.
—Abre las piernas —le dije en voz audible.
Lo hizo y le limpié el coño de una sola pasada deteniéndome para notar la enorme humedad que lo mojaba. Ella se estremeció.
—Ponte de pie —obedeció y le subí las bragas. Me erguí en el movimiento rozando mi cuerpo con el suyo. Ella respondió a mi provocación sacando una lengua que encontró el vacío como respuesta. La hice arrodillarse y miré de soslayo a los dos hombres que no habían perdido detalle. El pelirrojo se frotó la polla sin disimulo.
De vuelta paseé de nuevo su culo que embebía sin remedio las bragas mojándolas. La subí a la cama.
—Caballeros, es hora de empezar.

Se levantaron y comenzaron a desvestirse dejando la ropa colgada en el armario de forma escrupulosamente ordenada. Quedaron en ropa interior atentos a mis palabras. Ella, de rodillas sobre la cama, enfrentaba su cuerpo a nuestros ojos.
Me acerqué a la cama por detrás y le pegué una sonora palmada en las nalgas.
—Tú, es una perra que vamos a subastar. La dividiremos en cuatro partes, su culo, su coño, su boca y sus tetas. Y ustedes, señores, tendrán la oportunidad de pujar por cada una de esas zonas creadas para el placer. Se puede tocar, estamos en un país civilizado.
Un gesto de mi cabeza dio la señal de salida. Me mantuve de pié sosteniendo la correa mientras ellos se posaban en la cama rodeándola. El negro puso sus manos en el trasero y empezó a sobarla acercando sus gruesos dedos pulgares al coño. Tú, se agachó ofreciéndose y dejando su cabeza en el borde de la cama. Separó las piernas mientras gemía y volvía la cabeza en dirección a aquellas manos que la poseían.
El pelirrojo aprovechó y se acercó por delante. Su erección, antes anunciada, aún persistía. La agarró por el pelo y empezó a frotarse en su cara aún con los calzoncillos puestos. Ella abrió la boca y sacó la lengua iniciando un juego que pretendía atrapar su dureza, él se la negaba mientras la paseaba por sus pómulos y barbilla inclinando la pelvis.
La escena me excitaba mientras seguía sujetando la correa. Ambos machos se ganaban el sueldo. El negro la cogió en vilo y le dio la vuelta dejándola tumbada sobre la cama. Solté la correa para que no se liara en su cuello. El pelirrojo le cogió las tetas y empezó a apretarlas mientras el negro se acercaba a su entrepierna oliendo sus flujos tan cerca que su nariz tocaba el vello que pugnaba con escaparse de las bragas.
—Bien señores, es suficiente —dije yo. Ambos se separaron del cuerpo de la mujer que quedó tendida boqueando. Mirándola, se adivinaba la urgencia que tenía de ser horadada, profanada. De llegar a ese orgasmo largamente deseado desde que entramos en esa habitación.
Dejándolos de pie frente a la cama me acerqué recuperando la correa poniéndola de rodillas. Ella, abierta de piernas ofrecía un puro espectáculo de deseo.
—¿Quién quiere sus tetas? —dije dirigiéndome a los dos hombres.
—Yo —dijo el pelirrojo. Acto seguido fue hacia el armario y sacó su cartera de los pantalones. Arrojó dos billetes de cincuenta sobre la cama y se quedó mirándome.
—Cien a la una…, cien a las dos…,—miré al negro que me ignoró. Su mirada estaba lejos de las tetas, supe lo que él quería y para lo que aguardaría—. Cien a las tres. Tetas adjudicadas.
El pelirrojo se acercó mientras yo retiraba los billetes y tumbó de nuevo a tú dejando su cabeza colgando de la cama. Se bajó los calzoncillos y, agarrando ambas tetas con las manos, le metió la polla entre ellas follándoselas. Ella gimió irguiendo el torso y agarrando el culo del hombre por entre sus piernas. El pelirrojo embestía haciendo que su glande, rojo bermellón, asomara la cabeza para pasar a esconderse. Sus manos le apretaban sus pechos haciendo que sus pezones se tornaran puntiagudos. Empujaba con fuerza. Tú, gemía sin disimulo notando el poder del hombre entre sus tetas. Él cogió los pezones entre sus dedos y los estrujó sin miramientos, el placer recorrió a la hembra haciendo que se tensara. Los embates, cada vez más seguidos, anunciaban una corrida demasiado pronta.
—Su coño sale a subasta por doscientos euros —interrumpí con mi voz. El negro se apresuró a ir a por dinero y lo tiró sobre la cama. Hice ademán de recogerlo cuando el pelirrojo se retiró bruscamente de entre las tetas que se estaba follando y abrió su cartera.
—Doscientos cincuenta —dijo depositando el dinero en el suelo. Ella, que se había visto interrumpida empezó a masturbarse sin prestar atención a la pelea por su coño. La perra no había comprendido aún. Me acerqué y la azoté deteniendo su paja.
—No puedes usar el género, estos caballeros quieren la mercancía fresca —dije regañándola. Cogí la correa y la bajé de la cama. Su cuerpo temblaba de excitación mientras se recomponía de rodillas. La acerqué hacia donde estaban tirados los billetes y le quité la venda.
—Recoge el dinero con la boca y déjalo encima de la cama —ella obedeció. Mientras tanto el negro sacó un billete de cien euros y aumentó la apuesta.
—Cien más —dijo arrojando el billete al suelo— quiero meter la cara en el coño de esa perra.
Miré al pelirrojo que echaba de nuevo mano a su billetera.
—Quinientos —dijo sacando un solo billete.
El negro dudó y yo conté hasta tres en voz alta adjudicándole el coño al pelirrojo. Fue entonces cuando el negro sacó un enorme fajo de billetes del bolsillo de su pantalón sujetos con una goma.
—Cinco mil por su culo y su boca —dijo tendiéndome el fajo.
—Adjudicados, dije sin darle tiempo al pelirrojo.
Confieso que la subasta fue un poco arbitraria pero al final todos convenimos en que bien está lo que bien termina. El pelirrojo tenía las tetas y el coño, el negro su boca y su culo. Todos contentos. Y no estaba la cosa para entretenerse en deliberaciones, había algo que urgía. Y mucho. Ella, que había asistido en silencio al reparto de su cuerpo, esperaba ansiosa. Y yo no dudaba que aquellos bien dotados sementales eran unos caballeros que pugnaban por atender debidamente a mi perra.
—Señores —anuncié— a la cama.
Horas más tarde, la puerta se cerró tras nosotros.
—Ya está. Ahora eres libre de nuevo —la dije.
—Jamás hubiera imaginado esto. Ha sido …
—¿No te ha gustado?, perdona, pero cualquiera lo diría…
—No…, sí…, no…, quiero decir, sí. Sí que me ha gustado. Eso es lo que me trastorna.
—Me gustó correrme encima de ti.
—Bueno, no sabría decir qué parte de la corrida era tuya, así que no te diré que me gustó que lo hicieras.
—Eres una perra.
—Y tú un cabrón.
—Feliz cumpleaños, nena.
Ella sonrió azorada. Habló de nuevo.
—¿Será así el año que viene?
—No, el año que viene será mejor.
—Es curioso.
—¿El qué?
—Lo despacio que algunas veces pasa el tiempo ¿no crees?
Yo me reí, la besé y la dejé bajar del coche.




Autor: Charlie A. Secas

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La Silla de Ruedas

Capítulo 1.

Parecía que todo había salido mal aquella tarde. Venia de Ecuador la chica que cuidaba a mi suegra y había que ir a recogerla al aeropuerto ya que ni tenía coche ni sabía conducir.
La cuestión es que por “h o por b”, nadie podía hacerse cargo de mi suegra  y me tocó a mi hacer de cuidador de la señora. Una señora viuda, de unos setenta y cinco años. En una silla de ruedas y con la cabeza completamente ida por un infarto cerebral que hace dos años la había dejado como un vegetal.
Eran como las seis de la tarde y llegué a la casa de mi suegra donde me espera mi mujer.
- Hola cariño, sales ya para el aeropuerto no? – le dije -
-- Si voy con tiempo, casi dos horas antes, pero ya sabes que nunca se sabe, el tráfico a estas horas está fatal. – dijo mi mujer.
-- Mira, te dejo en la nevera la merienda de mama, el alimentador ya está limpio. Calientalo un poco y que no queme el puré para que se ablande y luego lo cargas y se lo dás, así como dentro de media hora mas o menos.
- Vale, no te preocupes, venga sal ya y buen viaje. Me llamas cuando llegue el avión ok.
-- Si te llamo y calculas la hora de vuelta.
Salió por la puerta y allí me quedé, en aquel silencio que asustaba en la casa de mi suegra con ella que desde luego no hacía más compañía que un florero sin flores.
Me dirigí al salón, donde estaba ella. Allí estaba, delante de una televisión con el volumen casi inaudible, en una silla de ruedas. La mirada perdida en la pantalla del televisor, el pelo totalmente canoso y algo desaliñado. Con una bata roja que cubría un camisón azul celeste y una mantita que tapaba sus piernas. Había sido una mujer grandota pero se estaba quedando como un pajarico.
Orienté mejor la silla de ruedas  para dejarme sitio para ver la televisión, cambié de canal y subí el volumen para poder oír algo. Estaban dando una película de esas de japoneses modernos, con coches, carreras, chicas espectaculares que parecen niñas y algunas escenas eróticas que joder………… sin querer se te ponía “aquello” que vamos pareciera que se salía de su sitio oye……..
Que le pasará por la cabeza a la vieja, - me preguntaba – y con un pie giré la silla de ruedas orientándola hacia otro sitio a ver si hacia algún gesto, pero nada……. inmóvil como un mueble.
Se acercaba la hora de la merienda y comenzó a hacer algún sonido. Algo así como hacen los peces en las peceras, un abrir y cerrar la boca como pidiendo su comida. El cuerpo humano es la hostia, el cerebro lo tenía hecho fosfatina pero para los horas de comer,  joder como un reloj suizo……………. es la hostia pensé para mis adentros, que funcionará en esa cabecita.
Me levanté y fui a la cocina, saque el puré de la nevera y lo puse en el microondas unos minutos para que se calentase. Poco tiempo, todo sea que le queme la lengua a la suegra y me gane la bronca del siglo, nada nada poco a poco, templadito mas bien.
Mientras se calentaba cogí el alimentador, que en realidad era como un biberón para alimentar becerros o terneros, porque tenia una tetina tremenda de gorda, vamos que pensando mal parecía una polla aquello………….. cling..cling… sonó en micro, indicando que ya había pasado el tiempo.
Saqué el puré y tocándolo un poco me pareció suficiente y preferí que estuviera más bien tirando a templado que muy caliente, así que llené el maxi biberón y me dirigí hacia el salón a darle la merienda a la señora.
Llegado al salón, cogí la silla y la orienté de forma que mientras le daba el biberón pudiera ver la tele.
Me senté y le acerque la tetina a la boca que seguía haciendo como un pez pero cada vez más fuerte y más ansiosa. Y fue nada más tocar sus labios y un churruuupp , un chupetón tremendo se metió toda la tetina casi hasta medio biberón ‘pa dentro’ , joder con la vieja, que manera de chupar, que ansia oye, el ansia viva que decía el otro,…………. si casi me quitaba el biberón de los manos….. joooderrrr………. Bueno, así antes acabaría y me dejaría ver tranquilamente la tele.
Pero a los pocos segundos noté que algo iba mal, chupaba como una bestia pero le daban como arcadas, tosía, bueno……….. tosía lo que el biberón le permitía, hostiasssssssss  …………. algo iba mal…………… joderrrrrrrrrrr ya no faltaba más que se me muera la vieja a mí ….………. Jooooooder.
Retiré el biberón como pude ya que la fuerza de succión era tremenda y al retirárselo  vi como algo de color rosa salía también, que cojones es esto……….. y ya con aquello en la mano …..perooo si es ……… la dentadura postiza o un trozo…………….. pero como cojones le dejan esto puesto coño, de poco se la traga.
Pero seguía tosiendo y haciendo gestos raros, eso sí, sin perder la mirada a las chimbambas.
Seguro que tiene otro trozo de dentadura, me cagüen la puta que se me ahoga la vieja….. y con ciertas dudas pero que iba a hacer, le metí decidido, los dedos en la boca buscando mas obstáculos que la ahogasen.
La boca estaba caliente y húmeda, casi fangosa y no pillaba nada, mi otra mano mantenía su mandíbula sujeta para facilitar la entrada y ver si veía algo, y sí, allí estaba el otro trozo de dentadura, la superior. La alcancé como puede porque la cabrona de la suegra seguía chupando ‘pa dentro’ como una posesa  y me ponía aun más difícil aquel rescate…………..
Por fin pude coger de una puntita y tirar hacia fuera sacando aquella ‘peazo’ pieza que parecía mentira que no se hubiera ahogado ya con ella.
Hostias que susto, el corazón me latía a mil por hora. Dejé los trozos de dentadura sobre la mesita del salón mientras oía como pasaban las respiraciones de mi suegra a ser más normales y al incesante gesto de chupar el ansiado biberón……….. joder con la vieja, casi se muere y ahí está chupa que te chupa.
Miré la dentadura en la mesa y no sé tuve la sensación de que faltaba algo, otro trozo o algo así para completar el conjunto……… de golpe me vino la idea de que algo más se podía haber quedado en su boca, así que sin pensarlo más volvía meter mis dedos en la boca para ver si quedaba algún trozo dentro.
Su boca estaba suave caliente y húmeda, las encías sin ningún diente y el incesante gesto de mamar, hacía de aquella búsqueda algo incluso agradable. Mis dedos buscaban y “jugaban” con aquella lengua que los envolvía y acariciaba. Allí no había nada más, pero entra las imágenes de la tele donde aún sin ver nada porno, se intuía una mamada de una japonesa vestida como una niña a un ‘japo’ que conducía un deportivo a toda hostia por unas curvas de infarto, mientras ‘la japo’ le manejaba la ‘palanca’ y no la del cambio precisamente. Sin querer empecé a notar una excitación completamente ‘inapropiada’ pero joderrrr como me estaba poniendo la situación y el churrup churrup de la vieja.

Capítulo 2.

Mi corazón continuaba a mil y mis dedos se resistían a salir de su boca, una boca suave, caliente, húmeda y absorbente. Mientras rozaban sus labios, arrugados pero firmes, una inconfesable idea me venia a la cabeza y si le cambiaba de biberón?
Estaba sólo, con aquella mujer que me chupaba con fruición y nadie sabría nunca nada de aquello y ella no era consciente de la situación……………. Buaaa………. que dudaaaaaaaa
La tentación me atormentaba pero el deseo y el morbo me consumían.
Me incorporé y sin sacar aquellos dedos de su boca que ella chupaba como si del biberón se tratase, me puse delante de ella y con una mano me desabroché el pantalón y el cinturón bajando el bóxer y dejando asomar el miembro erecto que agradecía salir de su encierro y ver la luz. Miré a su cara y nada, la misma mirada perdida, ni un gesto, ni un movimiento nada distinto al chupeteo continuo de mis dedos en su boca.
No me podía creer que estuviera haciendo aquella barbaridad pero……………. lo estaba haciendo y cada vez sentía más en la base de mi polla esa presión que se pone a medida que aumenta la excitación y veía como palpitaba la misma delante de su cara aunque la situación era bien incómoda.
Retiré la mano de su boca y entre dudas y que si ‘palante’ que si ‘patras’ me desnudé de cintura para abajo y semidesnudo fui a la puerta de la entrada a poner una cadenita de esas que impiden el acceso, con el objetivo de impedir el dantesco espectáculo si sorprendido fuera en plena faena. Mientras iba y venia oia el chupeteo de mi suegra ya impaciente por recibir su dosis, la dosis…………….. de qué…………??
De vuelta ya en el salón, la levanté y la puse en el sillón. Cómo pesaba la condenada. Al sillón, un sillón verde de estos de orejas a los lados, la bajé un poco para alcanzar mejor la posición.
Hostias pesaba un güevo y parte del otro, pero la situé al fin.
Me abrí la camisa porque estaba sudando y me pusé de rodillas en los reposabrazos con mi polla palpitante delante de su cara observando  aquella escena rocambolesca. Acompañaba además un espejo lateral en el que me reflejaba y me veía de rodillas en el sillón, semidesnudo, delante de mi suegra, con una erección tremenda,  un morbo y una lujuria que ……………. jooderrrrr……….
Acerque de nuevo mis dedos a su boca que de inmediato fueron succionados por aquella máquina de chupar, para comprobar que seguía la situación de humedad y calor que me había vuelto loco.
Saqué los dedos y con mi mano derecha tomé la polla y la acerque despacito a su boca. Mi capullo rozó sus labios y con un poquito más………….. uaaaa……….. su boca la absorbió casi toda, provocándole una pequeña arcada que aumentaba en mi el morbo y la excitación.
Joderrrrrrrrr………… increíble, indescriptible……………. la sensación  de aquellas encías desdentadas presionando la base de mi polla, la garganta húmeda y caliente envolviendo ya todo el miembro y la lengua presionando la parte inferior con un determinado e incesante ritmo. Ohhhh diosssssssss que placerrrrrrrrrr, que morbo, que…………….. no sabría decir más…………….
Me miré al espejo y me veía entrando en su boca perfectamente , miré hacia abajo y veía el canalillo de unas tetas arrugadas pero tetas al fin y al cabo. Y las saqué fuera del camisón. Eran como dos saquetes pellejudos pero era tal el morbo de la situación que me parecieron perfectas e incluso deseables. Quería chuparlas pero no quería suspender la alimentación de mi suegra que cada vez chupaba con más fuerza al no recibir su ansiado alimento.
Era tal la succión, que tenia la sensación de que mis testículos eran atraídos hacia el interior de su boca cada vez que chupaba. Su lengua me presionaba toda la polla y las encías cerraban la entrada pero sin los molestos dientes que arruinan siempre una buena mamada…………. Era una puta maquina perfecta de chupar una polla, joder.
Con una de mis manos ya independizada cogía sus tetas mientras la otra ayudaba a mantener el equilibrio apoyando el antebrazo en una de las orejas del sillón y la mano propiamente dicha controlaba el movimiento de su cabeza.
En la tele ya había acabado la escena de la mamada de la ‘japo’ así que mi interés se centraba en las sensaciones maravillosas de aquel autómata y la cabeza que luchaba entre la tentación y lo correcto, en una batalla donde ganaba por goleada……………….. la tentaciónnnnnnnnnnnn.
Como quince minutos de intensas sensaciones entre lo físico y lo inmoral me invadían. Mi suegra me estaba haciendo la mejor mamada que me habían hecho nunca.
La presión iba en aumento y comenzaba a sentir el comienzo del orgasmo, una sensación de ardiente calor entre los güevos y la polla, una sensación de ‘algo espeso y caliente que avanza despacio hacia la punta de la polla. Sentí la inflamación del capullo reteniendo el semen en la espiral del final de la uretra que aumenta la presión del conjunto y las encías de la vieja que presionaban e impedían el rápido desenlace del evento reteniendo y prolongando el placer cual anillo para polla.
Pero ya no había quien retuviese más y comencé a curvarme de placer sobre su cabeza, mis manos sujetaban sus sienes con fuerza y pensaba, ………… no querías biberón pues tomaaaaa biberónnnnnnnnnnnnnn…………………… mientras los chorros de esperma entraban directamente en su garganta, que, lejos de ahogarse o rechazarlo, lo recibía como su dosis de la tan ansiada comida fuese y desesperadamente la succionaba. Se ahogaba un poco pero seguía dale que te pego a la succión, joder que máquina.
Todo mi cuerpo se agitaba como recorrido por un calambre de cabeza a pies, quizás también provocado por la incomoda postura pero que acentuaba la sensación de éxtasis del orgasmo y el mirarme de reojillo en el espejo viendo como se la metía en la boca todo lo que podía.
Tras unos segundos o minutos no sé, mi cacharrito se iba haciendo pequeño en su boca y la incesante succión lo hacia incómodo, así que fui retirándolo poco a poco ya que estaba algo entumecido por la postura. Y ya desde un lado y retirado ya habiendo sacado de aquella boca trampa la ya no polla, sino pilila, cogí el biberón, ahora el de verdad, y de un mandoble se lo puse en la boca diciéndole – tome señora tome, que se lo merece --, a lo que ella reacción con su churrup churrup churrup, que a mí antes me había hipnotizado dejado sin aliento después.
Y así mientras ella saciaba su hambre con el bibe, yo recuperaba el aliento y la compostura, vistiéndome y abrochándome la camisa y pantalones con una sola mano.
Una vez acabado el biberón, rehíce la vestimenta, a la vieja a su silla, le limpie los morros quitando todo resto de puré o cualquier otra cosa. Limpié bibe, dentadura postiza y un poco mas tarde mi polla. Que la verdad, era recordar el momento y se me erizaba la piel y la antes ….mencionada protagonista……. la polla.
Cuando sonó el teléfono,
--Que tal cariño, ya ha llegado y salimos ya de vuelta – dijo mi mujer –
- A pues muy bien – respondí un poco tembloroso-
-- Que tal mamá, ha merendado ya?
- Uy si, ya terminó hace un ratito.-le decía - mientras con mi otra mano apretaba mis güevos para bajar la presión que todavía me venía.
-- Se me olvido decirte cariño, que tenía puesta la dentadura postiza, se la quitaste no?, es que cuando la veo sin dientes me parece tan viejecita que se la puse y luego se me olvido decírtelo………..
- Si si, nada cariño no te preocupes (tembloroso) se la quité a la primera y ha ido todo fenomenal. (vaya si ha ido bien, pensaba aunque un poco abochornado).
-- Bueno pues en nada estamos allí ok?
- Si ok, os espero, buen viaje.- y colgamos -
Terminé por quitar la cadenilla de la puerta, limpie la cocina y ya sentadito muy formal, espere el regreso de mi esposa y cuidadora de Doña Engracia, que así se llama mi suegra.
Mientras esperaba la llegada del séquito, miraba a mi suegra y nada, había vuelto a su estado pasivo rumiante, sin gesto ni mueca aparente.
Dos horas mas tarde llegaban a casa, maletas, besos de bienvenida,…………… que tal que tal?
Y a esto que se le acerca Isabel, que así se llama la ecuatoriana y la dice  - que tal está doña Engracia?.......... me ha extrañado mucho?............ y que tal ha comido hoy?........... le ha cuidado bien su yerno?...........
A lo que respondí presto ……….. uyyy muy bien muy bien, se lo ha comido todo todo y todo (mientras pensaba para mí, joder, todo y mássssss)
Que bien la veo doña Engracia, está como más animada no? ………….
La verdad, no sé donde cojones le veía la gracia ni el ánimo – pensaba yo -, pero en cualquier caso, si mi modesta contribución aportó en algo eso que ella veía de mejoría, ya me daba por satisfecho. Aunque claro tampoco era como ‘pa publicarlo’ en alguna revista médica como el fabuloso remedio homeopático contra la apoplejía, no???   .............………………. ¿ O sí ? 


Fin

Autor: Truhán.




2 comentarios:

  1. Querido Truhán, No se si felicitarte o enviarte una bofetada virtual por tal canallada. El relato es excitante y mantiene una buena secuencia de sensaciones y acciones, aun preservando realismo. Me avergüenza decirlo, pero me ha gustado. :)

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  2. Querid@ amig@,
    Agradecerte la felicitación e incluso la bofetada virtual. Y que no te avergüence, ya que las estadisticas del blog cuentan mas "pasos" por los TRES ROMBOS que por los otros relatos. Tu te atreves a comentarlo, gracias de corazón.
    Y sólo decirte que si además quieres particicipar junto con el resto, escríbenos a elclubdelaescritura@gmail.com todo el mundo es bien recibido y nos divertimos "jugando" a escribir. ANIMATE
    Un Saludo
    Truhán

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